La carrera popular que llena las calles cada primavera
Cinco mil dorsales, ni un solo profesional y una ciudad entera animando desde las aceras: la prueba ya es una fiesta.
No es la carrera más rápida del calendario, ni pretende serlo. La popular de primavera repartió esta mañana cinco mil dorsales entre vecinos que corren una vez al año, niños que la terminan a hombros y un grupo de jubilados que la completa andando, los últimos, entre aplausos.
Correr sin mirar el cronómetro
El recorrido cruza el centro, bordea el río y vuelve por el parque. No hay premios en metálico; el trofeo es una camiseta y la foto de meta. Los bares del trayecto montaron avituallamientos por su cuenta, con agua, naranjas y alguna que otra magdalena de contrabando.
Una ciudad que corre junta amanece distinta: durante dos horas, las calles son de quien las pisa.
La organización ya ha fijado la fecha del año que viene. El primer inscrito, dicen, fue el abuelo que cerró la carrera hoy.
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