Elogio de la sobremesa, la costumbre que se resiste a desaparecer
No es el plato ni la cuenta: es esa media hora de después, cuando la mesa ya recogida sigue reuniendo a todos.
Lo importante de una comida rara vez es la comida. Es lo que viene después: la sobremesa, esa media hora —o dos— en que los platos ya están recogidos y nadie, sin embargo, se levanta.
El arte de no tener prisa
En un café del centro la encontramos en su forma más pura: tres generaciones alrededor de la misma mesa, un café que se enfría sin que importe y una conversación que no lleva a ninguna parte y por eso llega tan lejos.
La sobremesa es el único momento del día que no sirve para nada, y quizá por eso lo recordamos todo.
No figura en ninguna guía de productividad. Tal vez ahí esté su mérito.
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